Caravana judía en el siglo XXI,

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(Grenoble, Rhones Alpes).- Dada todas las dudas que rondaban los pensamientos diarios de Martín Gonzáles acerca de su retorno al Perú, me animé a tener otro encuentro con él, aprovechando su viaje a París, en estas sus últimas vacaciones previas a la finalización de su doctorado. El lugar escogido de mutuo acuerdo (económico y social) fue el último escalón del lado izquierdo del Trocadero, en frente a la torre Eiffel a las 4pm de un primero de mayo. Como si el destino se manifestara y la suerte estuviera de nuestro lado, esa tarde nos acompañaría durante esta tertulia, la entrañable música de los andes, pues un grupo folclórico latinoamericano haría bailar a los turistas toda la tarde, a pocos metros del lugar en donde conversaríamos de todos sus miedos.

Dicen que el ser humano por defecto, tiene miedo a los cambios, yo sospecho que Newton pensó lo mismo cuando definía el estado de equilibrio (estático o dinámico) y claro Martín, a pesar de su condición de ser humano promedio no sentía miedo, sentía mucha angustia al cambio. Lo noté cuando me contó sobre lo que se espera de los estudiantes que terminan un doctorado en Reino Unido, especialmente en el área de la genética. Según Martín el tenía dos opciones, buscar un trabajo en alguna empresa privada (yo creo que clonando ovejas verdes) o encontrar una estancia postdoctoral que le permitiera seguir su trabajo de investigación en algún laboratorio del mundo. Lamentablemente Martín vive la crisis económica europea muy de cerca, solo en ciertos gobiernos no han reducido el dinero para las investigaciones (becas en todos los niveles y dinero para proyectos), mas aún los pocos países que todavía apuestan por la investigación son aquellos que venden nuevas tecnologías. No puedo dejar de mencionar que le pedí que guardara su Iphone después de mirar la hora, 6pm, no quería jugarle bromas.

Martín tiene miedo de seguir los pasos de la mayoría de postdocs peruanos que conoce. Si él no es capaz de encontrar un lugar dentro de la industria, deberá tomar alguna estancia postdoctoral, y luego otra y luego otra……hasta que en algún momento logre los créditos respectivos para lograr ser aceptado como un investigador permanente en algún país frío de Europa. ¿Volver al Perú? No puedo, me responde muy triste. Todavía no existen las condiciones, ni los medios, ni el marco legal para que Martín transmita sus conocimientos como profesor en una universidad pública. Desde hace muchos años muchos científicos calificados con 3 o 4 estancias postdoctorales en sus curriculums viajan de país en país, amargados por no tener posiciones fijas, haciendo que recordemos los viajes sin fin de los judíos desde el comienzo de la historia. Todo esto mientras la torre Eiffel nos deleita con sus luces, ya son las 8pm, el vino se acaba y la música nos saca una sonrisa.

Yo le pregunto a Martín sobre el nombre de la canción que resuena a lo lejos. Es  ‘’El Huamauqueño’’ me responde. ¿Es Peruana?. No, es universal, como los científicos, no importa de qué parte de los Andes sea la canción, lo que importa es que todos la disfrutamos. Martín no quiere ser un judío deambulando por el desierto y siente una impotencia enorme. No tiene todavía las condiciones para volver a su patria, debe seguir fuera del país, lejos de la familia.

Esa noche, como todas las noches en las que trato de solucionar los problemas del mundo, hablamos de mi decreto ley. Este promueve un éxodo de científicos del mundo hacia el Perú, para comenzar a formar las bases del desarrollo en áreas claves, formando a las nuevas generaciones y repatriando (en serio) a los mejores peruanos que tienen, como yo, ese cariño a su Patria. Total, lo importante es que Martín pueda volver para devolverle al Perú todo lo que hizo por él.

@nmonteblanco