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LA VERDAD Y LA BÚSQUEDA DE LA VERDAD.

Mientras estudiaba un Curso de Historia de la Medicina Peruana, con mi maestro, el Dr. Fernando Cabieses Molina, nos proporcionó un artículo que había escrito, para que realicemos su análisis y reflexión. Este escrito cambió por completo mi espíritu profesional y personal, en mi práctica de Salud Pública, así como de medico asistencial; y, sobre todo en mi quehacer diario en la docencia universitaria Por eso mi deseo de compartir con Uds. estimados colegas y estudiantes, este episodio que modifico la rutina de mi vida:

“El continuo discurrir de las ideas capaces de ser registradas en los escritos históricos nos enseñan a pensar. Nos enseña a entender que la ciencia no es el conocimiento de la verdad sino la búsqueda de la verdad. Y nos enseña que la verdad y la búsqueda de la verdad son dos cosas totalmente distintas. El culto a la verdad pertenece solamente, exclusivamente debemos decir, al ámbito del pensamiento religioso, Toda religión se establece sobre la base firme de una verdad inconmovible cuyo sostén y cuyas formas están dados por la Fe Una verdad aceptada como tal y respetada como concepto absoluto e innegable se llama dogma. Y un conjunto de de dogmas es un grupo de verdades indiscutibles que hacen en si un sistema religioso. Sin dogmas no hay verdades. Y sin verdades no hay Fe. El que pierde la Fe y cuestiona los dogmas o deja de creer en su absoluta vigencia, se coloca automáticamente al margen del sistema religioso y puede ser, si se quiere un libre pensador o un agnóstico. El verdaderamente religioso, es el ser humano que realmente tiene Fe, es dueño de la verdad.

La ciencia transcurre por otro canal de la mente. El científico no acepta ser regido por un dogma. Ser científico dogmático es una monstruosidad. Son dos palabras incompatibles: Ciencia y Dogma. El científico está obligado a dudar siempre de lo que el considera su verdad. El científico deber estar siempre alerta para descubrir los resquicios, las puntas débiles, los errores escondidos de su verdad; y debe estar listo a abandonar su verdad tan pronto como alguien le pruebe que esa verdad no es la verdad. La ciencia avanza sobre las ruinas de la verdad científica. La verdad científica es débil y es efímera por que si la verdad científica existiera, la ciencia dejaría de avanzar. El científico que no entiende eso y que cae en la trampa de la soberbia y cree que su verdad es la verdad, es un simple títere de una ilusión de vida corta y desciende a los mas despreciables estratos de la comunidad científica.

La historia de la Medicina nos enseña precisamente eso. Nos enseña cómo las verdades de ayer no eran verdaderas. Eran herramientas de existencia efímera que ayudaron a los médicos de ayer a construir sistemas de pensamiento para aproximarse a lo que hoy consideramos nuestra verdad. Y nos enseña a los médicos contemporáneos que nuestras verdades de hoy son simples instrumentos de corta vida que nos ayudan en la búsqueda constante de la verdad.

Mantengamos, pues, nuestros dogmas dentro de nuestra vida religiosa y rechacemos lo que se disfraza de verdad en nuestra vida científica. Son dos canales, como los dos rieles de un ferrocarril. No los juntemos ni los separemos ni querramos mezclarlos. Porque se descarrila el tren”.

Fernando Cabieses Molina

Constantino Domínguez Barrera es docente del Departamento Académico Profesional de Medicina Preventiva y Salud. Pública – Facultad de Medicina- UNMSM